«Plutarco cuenta que un día Pirro hacia proyectos de conquista…» Así comienza el texto ¿Para qué la acción? de Simone de Beauvoir. Pirro no está solo. Es Cineas quien escucha sus planes, irá a África, dice, luego a Asia, Arabia, tantos proyectos como tiene. Como la lista es larga, Cineas que le escucha atento, pregunta constantemente: «¿Y después?» Y por los labios de Pirro se derraman remotos lugares. «¿Y después?», es Cineas otra vez quien interroga, intentando encontrar el sentido y el fundamento último de la campaña. Entonces, quizá cansado ya mentalmente de tanto viaje y tantas guerras, Pirro, dice: «Descansaré». Entonces, «¿Por qué no descansar, inmediatamente?» sugiere Cineas.
Pirro tenía desde el principio la respuesta en su mano, pero la vida es como es, acción o «movimiento», y también «voluntad», lo señaló Aristóteles, y lo corroboraron Schopenhauer con su «Voluntad de representación» y Nietzsche con su «Voluntad de poder».
El cuento de Plutarco es el cuento de nunca acabar. Las personas lo conocen bien. Todos lo conocemos bien. Pirro estaba tan envuelto en su historia personal, que es, sin duda alguna, parte de la Historia general, como nosotros en la nuestra. Simone de Beauvoir lo sabe, es inteligente y culta, en realidad sabe muchas cosas, las dice claramente, y reconoce que la oposición siempre está ahí, pues:
¿Cuál es la medida de un ser humano? ¿Qué fines puede proponerse y que esperanzas están permitidas?
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MUNDO NOESIS

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